Bienvenidos al blog de la readvolution

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miércoles, 23 de octubre de 2013

Un puñetazo directo: Claus y Lucas



¿Qué ocurre cuando una novela te deja cao, con un dolor de estómago que parece que se te han encogido las tripas o el eufemístico intestino? ¿Qué queremos decir con me sale del estómago, lo siento ahí y no en el corazón? Al parecer las emociones no sólo están localizadas en la mente sino que forman un cableado que abarca órganos como la susodicha tripa. Pues bien, todo esto me ha sucedido leyendo la novela de Agota Kristof "Claus y Lucas". Cruel, humana, anti complaciente, dolorosa, innovadora e incisiva como la hoja de un cuchillo recién afilado. Cuánto dolor se acumula en esta trilogía, recogida en El Aleph bajo un título común que en el original no existe. Tres libros en uno que guardan relación y al mismo tiempo no la guardan, publicados en sucesivos momentos temporales con dos años de diferencia uno respecto a otro: El gran cuaderno, la prueba y  la tercera mentira.

Mi relación con Kristof nace de la lectura de La analfabeta, una novela autobiográfica que cuenta la ardua tarea de la autora húngara por volverse a alfabetizar en una lengua que desconoce y que acabará minando y borrando los rastros del idioma materno: el húngaro. Pero aquella obra era una cosa y Claus y Lucas otra. En esta trilogía nos encontramos con unos gemelos que transitan por las tres novelas con distintos pasados, distintos conflictos y distintas identidades. En El gran cuaderno, la más poderosa de las tres,  los dos niños son entregados en custodia a una abuela bruja que les llama hijos de perra y les anuncia, desde un primer momento, que no los quiere en casa y que para vivir allí tendrán que ganarte su sustento. Los angelitos (que no son precisamente personajes dickensianos)  aprenden que para sobrevivir hay que crearse una moral propia cuyo juicio sólo pueden valorar ellos mismos. Hungría está en guerra y a los invasores alemanes, les suceden los soviéticos. El hambre, la carestía, el invierno con su crudeza, la maldad inquietante reptan por un texto seco y despojado de florituras lingüísticas. Zoofilia, incestos, asesinatos, locura, maltrato, abuso infantil, codicia se codean con altruismo, perdón,  compasión y amor. En esa jungla que es la naturaleza humana encerrada en la lupa microscópica de Kristof uno se siente marioneta, uno experimenta la locura de la guerra, quieres huir de toda esa inmundicia y te estampas contra unos regímenes totalitarios que la autora retrata con ecos kafkianos. Al final los malos son los que no tienen nombre ni identidad, los que no pertenecen a la individualidad humana sino a la masa obediente y borreguil que las novelas de Kristof retratan sin piedad.

Si quieres sentir un puñetazo en la barriga, un directo a la mandíbula, aquí tienes tu libro. Y encima femenino, escrito por una mujer. Para que luego nos vengan con la historia de que las mujeres sólo escribimos novelitas del corazón. ¡Toma novela del corazón! sí, sí.

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