Bienvenidos al blog de la readvolution

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lunes, 1 de abril de 2013

Un paraíso inalcanzable, para saltar de la silla


Últimamente he saltado pocas veces de la silla con prisas para recomendar  un libro a alguien que tenga en estima. En los últimos meses he leído buenos libros, libros interesantes y algún que otro bodrio, pero ninguno que me haya producido el efecto bomba que me suelen producir los libros por los que me apasiono. Así que cuando Luis Solano me envío su nuevo libro: Un paraíso inalcanzable, de John Mortimer, con la recomendación de que le prestara atención, mi interés se disparó. Debo reconocer que lo aparqué en la  la mesilla de noche esperando la Semana Santa, no sin echarle de cuando en cuando una mirada de deseo. Por fin llegaron las vacaciones, las tardes de lluvia interminables en Coruña y el libro de Mortimer. ¡Bendito Libros del Asteroide por apiadarse del hambre insaciable de los lectores ávidos de buena literatura! Porque toca ya decirlo: uno se arrepiente de haber leído Un paraíso inalcanzable sólo por la pena de no tenerlo aún en lista de espera.

Lo que contiene la novela es un estupendo triángulo formado por  los hermanos Simcox, Henry y Fred (hijos del predicador rojo Simeon Simcox y la irónica Dorothy) y Leslie Titmuss, el ambicioso trepa (¡qué gran nombre le encontró Mortimer). Como si fuera el tapiz de una  alfombra persa aparecen incontables nudos y tramas que se enlazan tan elegantemente que uno sólo puede intuir,  al final de la novela, por dónde van a ir los tiros.

La familia es siempre la trama en mayúsculas de toda gran obra y Un paraíso inalcanzable no escapa del celo tolstoiano al aplicar el bisturí a no una, sino  a varias familias, vinculadas entre sí por diferentes vías:  religión, política, vecindad, matrimonio y los secretos, carne de cañón de cualquier  argumento novelesco con pretensión de revelar la verdad (nunca la hay y ese es el aroma del título).

Y como ruido de fondo la Inglaterra Tory ( la de rancios y especuladores terratenientes y  de arribistas criados en las clases trabajadoras) y la Inglaterra laborista (plagada de lunáticos, soñadores, intransigentes  e intelectuales enamorados de sí mismos convertidos en tiernas caricaturas ).

Me encantaría, insisto, ser uno de los lectores que han pasado por la librería para comprar Un paraíso inalcanzable y aún lo tienen en lista de espera, porque el día que se acomoden con el libro en el sillón o en la blandura de la cama, que se olviden del mundanal ruido. Sólo habrá espacio para dos: el lector y el libro.

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