Bienvenidos al blog de la readvolution

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sábado, 29 de enero de 2011

Nada


Ha llegado el libro de Janne Teller, "Nada", publicado por Seix Barral y su irrupción en el mercado español, provocará las mismas polémicas que ha suscitado allá donde se ha editado. En Francia hubo librerías que se negaron a venderlo, en Noruega y Dinamarca, prohibido en las escuelas, en Alemania hubo padres que no permitieron la lectura del libro, pese a que los profesores lo habían incluido en el listado de lecturas... ¿Y todo esto por qué? ¿Qué tiene este librito de 158 páginas tan provocativo? El Pierre Anthon de la escritora danesa es un famélico trasunto de Cósimo Piovasco de Rondó, el rebelde protagonista de El barón rampante, quien un buen día, a consecuencia de un castigo impuesto por su padre, decide subirse a un árbol y ya nunca más se baja. A diferencia del personaje de Ítalo Calvino,que ve pasar la vida y participa de ella subido al árbol, Pierre Anthon decide seguir la escuela de Simón el Estilita y se pasa día y noche vociferando, desde el ciruelo al que se ha encaramado, que nada importa, que hace mucho que lo sabe y que así que no merece la pena hacer nada... Su nihilismo es asumido como un mantra despreciativo contra sus compañeros. Estos se revuelven contra la idea de que el tipo del ciruelo les obligue a aceptar que viven para nada y por nada, así que deciden demostrarle que está equivocado.
Hasta aquí, nada que objetar: interesante planteamiento, historia coral, apuntes de realidad social mezcladas con cierta atmósfera de cuento de hadas nórdico... Pero si esto fuera todo, entonces Nada no habría conseguido enfadar tanto. ¿Por qué lo consigue? Fundamentalmente porque en esa especie de búsqueda colectiva de significado que emprenden los adolescentes encontrarán que nada es lo que parece: la violencia, la brutalidad, la insensibilidad, la cerrazón de corazón, la falta de empatía, se adueñan de ellos impidiendo ningún gesto compasivo. No entienden, porque se sienten confundidos y mal orientados. Para mí, aquí está el gran defecto de este libro, no en lo que cuenta, sino en lo que deja de contar. Y por eso, cuando el lector cierra el libro y se pregunta sobre el sentido de lo que ha leído y para qué sirve, se encontrará conque en efecto es así como la provocación funciona, es así como se contagia el fanatismo, es así como se pierde la conciencia individual en la convención del rebaño, pero ¿y todo lo que no está? ¿dónde queda aquello que los adolescentes pueden aprender del significado? Sencillamente no lo hay. Y su lectura, por lo tanto, sólo arroja desesperanza, como si la vida fuera una gran tragedia imposible de parar porque está en manos de una planificación educativa nefasta, una sociedad impía y desequilibrada y una carencia absoluta de sentido de vida. La ausencia, precisamente de sentido, aboca esta novela a la intrascendencia. Se queda sin palpar el lado luminoso y existencial que podrían haber atisbado los personajes. ¡Una pena! De verdad, una pena.

1 comentario:

loquemeahorro dijo...

Estoy de acuerdo. Hace tiempo que pienso que estas obras que solo exponen desesperanza y desgracias, pasan por muy profundas, pero no tienen el valor de plantear soluciones o alternativas, no sé si por epatar o porque al autor simplemente no puede aportar nada.

En cierta forma, es el camino más fácil