Bienvenidos al blog de la readvolution

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jueves, 5 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro




Hay escritores para una remontada de catarro, hay escritores para superar el ataque de ansiedad de una espera  en el aeropuerto, hay escritores quisquillosos que una imagina en su torre de marfil ,concibiendo tramas que no encajan perfectamente y es, conveniente y obligado, escribir y reescribir. Hay escritores vitales y rápidos como centellas y también hay escritores como Kazuo Ishiguro.
Mi Kazuo, escondido y atrapado en la suavidad vainilla de Panorama de Narrativas de Anagrama, se convirtió, desde nuestro primer encuentro lector, en amor a primera vista. 
En «Los restos del día», olisqueando la familiar contención narrativa de los grandes narradores,  recuerdo haber reconocido otro olorcillo inquietante, el de la decepción, cuyo aroma se parece a ciertos bizcochos desmoronados de repente por una apresurada salida del horno. Así, Stevens, el mayordomo de Darlington Hall, va expandiendo su decepción por la novela y de paso contagiando  al lector. La épica de esta pequeña historia de un viaje sin importancia evoca la imagen de unos niños que en la orilla de una vasta playa construyen un castillo de arena cuyos cimientos lamerá el mar. No importa cuánto tiempo pase, la construcción está destinada a desaparecer. Y ese observador, que es el atildado Stevens, nos revela con tristeza que algunos recios valores, defendidos a capa y espada, no son nuestros, ni siquiera sirven para vivir con alegría y un poco de amor. 
Merecía el Premio Nobel y se lo han dado. Hoy estoy contenta por él y por mí, devota lectora de su obra. 


miércoles, 8 de marzo de 2017

Grandes novelas escritas por mujeres



Ilustración: Quentin Blake

Hay cientos de ellas, grandes, magníficas, dignas de ser leídas en cualquier momento y para cualquier ocasión. Unas sensibles e intimistas, otras agudas y divertidas, unas terceras indómitas y experimentales. En cualquier caso todas salidas del ingenio de grandes escritoras. Hoy es su día y aunque no están todas las que son, sí son todas las que están:

1.Liudmila Ulítskaya
Mentiras de mujeres
2.Rachel Cusk 
A Contraluz
3.Carmen Martín Gaite
Retahílas
4.Maggie O Farrell
Instrucciones para una ola de calor
5. Simonetta Agnello Hornby 
La Mennulara
6. Virginia Woolf
Las olas
7. Alice Munro
La vida de las mujeres
8.Edna O´Brien
Las chicas de campo
9. Carmen Laforet
Nada
10. Jetta Carletton
Cuatro hermanas
11. Anita Nair 
El vagón de las mujeres
12. Jhumpa Lahiri
Intérprete de emociones
13. Dacia Maraini
Voces
14. Mercé Rodoreda
Espejo roto
15. Suite francesa
Irene Nemirovsky
16. Alguien
Alice McDermott
17. Entre las montañas
Rosina Lippi
18. Louise May Alcott 
Mujercitas
19. Edith Wharton
La solterona
20.Zadie Smith
Dientes blancos



martes, 26 de abril de 2016

La gran literatura: a propósito de Anna Karerina


"La gente del ambiente en que Vronsky se movía suele dividir a las personas en dos clases: la primera está compuesta por necios, imbéciles y ridículos, que imaginan que los esposos deben ser fieles a sus esposas, las jóvenes puras, las casadas honorables, los hombres decididos, firmes y dueños de sí. Estos estúpidos opinan que hay que educar a los hijos, ganarse la vida, pagar las deudas y cometer otras tonterías por el estilo. La segunda clase, a la que los tipos del mundo de Vronsky se evanecen de pertenecer, sólo da valor a la elegancia, la generosidad, la audacia y el buen humor, entregándose sin recato a sus pasiones y burlándose de todo lo demás".
Este extracto de Anna Karerina sirve al narrador omnisciente para hacer sus juicios morales y definir a Vronsky sin que el lector pueda albergar algún tipo de dudas sobre su propósito. En otra parte del libro, cuando Kitty, enferma de mal de amores, recibe la visita del doctor, Tolstoi regala otra perla maravillosa: "Después de un atento examen de la enferma, confusa y aturdida, el célebre médico se lavó escrupulosamente las manos y salió al salón, donde le esperaba el Príncipe, quien le escuchó tosiendo con aire grave. El príncipe como hombre ya de edad, que no era necio y no había estado nunca enfermo, no creía en la medicina y se sentía irritado ante aquella comedia, ya que era quizá el único que adivinaba la causa de la enfermedad de Kitty. "Este admirable charlatán sería capaz hasta de espantar la caza", pensaba, expresando con aquellos términos de viejo cazador su opinión sobre el diagnóstico del médico". Por su parte, el doctor disimulaba con dificultad su desdén hacia el viejo aristócrata. Siendo la princesa la verdadera dueña de la casa, apenas se dignaba a dirigirle la palabra, y sólo ante ella se proponía derramar las perlas de sus conocimientos".
Reconozco que los mejores perfiles médicos los encontramos en la obra de Chejov, quien por otra parte era de la profesión, sin embargo, ese tono irónico-cómico que aparece en Tolstoi me hace sonreír cada poco.
Releo Anna Karerina con enorme placer y me confirmo en la teoría de que la literatura tiene que servir para el mejor conocimiento del ser humano.
Si no habéis leído este espléndido libro os envidio de todo corazón. Yo ya no puedo leer con aquella inocencia con que lo leí la primera vez pero a cambio he vivido más y entiendo mejor cada una de sus páginas.