Bienvenidos al blog de la readvolution

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domingo 29 de enero de 2012

Antes y después de La Pausa: el verano sin hombres


Me la he leído casi sin respirar, disfrutando de una relajada tarde de sábado en el sofá. Cuando un libro en el que no pasa apenas nada se adueña del lector es porque están agitadas las aguas pero en ambas márgenes de la lectura: en la del interior del lector y en la del propio libro y su discurrir. El verano sin hombres es un desafío con que toda mujer en la mediana edad se enfrenta, le haya ocurrido o no lo que le sucede a Mía, la protagonista. Puede que nadie nos haya pedido ninguna pausa en el matrimonio o que ni siquiera exista La Pausa real por la que Boris abandona a Mia después de muchos años de convivencia marital. Eso carece de importancia, puesto que lo real es la aproximación a la locura, el desequilibrio, a  la posibilidad de rompernos como frágiles cristales. Y a ello asistimos desde la complicidad lectora, sintiendo que puedo ser yo o puedes ser tú, cualquiera puede ser Mia y ninguna lo podemos ser puesto que Mia es únicamente Siri Hustvedt.  Me gusta la prosa limpia, la  delicadeza con que encaja el puzle de ideas en la estructura narrativa, el cruce de géneros literarios: un poco de diario, un poco más de filosofía, un poquitín más de confesión, otro tanto de ensayo, una pizca sazonada de crítica literaria et voilà. Aquí tenemos El verano sin hombres, una novela que encantará a quien busque elegancia, emoción, reflexión y sentido del humor. 

miércoles 21 de diciembre de 2011

Es tan bella que no te puedes resistir: agenda de la lectura 2012 de Primerapersona

Os propongo un buen regalo para el lector/a que tenéis en casa y por supuesto para uno mismo. Se trata de una agenda de artista cuyo hilo conductor es la lectura, llena de citas y bellas ilustraciones de Anna López. Me encanta tenerla encima de la mesa, abrir sus páginas y encontrarme con las palabras de Virgnia Woolf, Oscar Wilde o Aidan Chambers. Se puede adquirir en cualquier librería independiente española, en las librerías de El Corte Inglés, en las Librerías de La Casa del Libro y en las papelerías de la cadena Carlin.

domingo 18 de diciembre de 2011

Segunda entrega de recomendaciones de Navidad

Insistiendo en que no hace falta vivir de novedades sigo con esos libros que no deben caer en el olvido. La narrativa india encabeza mi lista de preferencias. Entre todos los títulos destaco una novela conmovedora que me sirvió para aprender sobre Zoroastro y sus seguidores. Esta joya se llama "Asuntos de familia" de Rohinton Mistry."Shalimar el payaso" de Salman Rusdhie consiguió encadenarme al butacón. Este autor es uno de nuestros grandes autores contemporáneos con una voz propia. ¿Cómo olvidar la forma tan divertida y sutil en que cuenta la pérdida de la fe del abuelo del protagonista en Hijos de la Medianoche? ¡Imposible! De Kiran Dessai, la premiada hija de Anita Dessai, me quedo con “El legado de la pérdida”, una novela intensa, no perfecta, pero con muchos aciertos. En cuanto a Jhumpa Lahiri ¿qué puedo decir? "Tierra desacostumbrada" o "Intérprete de emociones" quedan ahí durante mucho tiempo ejerciendo una atracción increíble. Y voy a saltar a Holanda para rescatar "El hambre de Hoffman" de Leon de Winter, donde el pensamiento de Spinoza sirve de hilo conductor para contar la historia de un embajador en Praga con un hambre insaciable. Y de los Países Bajos hasta la literatura Nórdica para acordarme de "Las hijas de Hanna" de Mariane Friedriksson y de "Salir a robar caballos" de Per Petterson. En Portugal, de la mano de Pereira y sus tortillas a las finas hierbas, saco del estante a "Sostiene Pereira" y "Requiem" dos joyitas de Antonio Tabucchi y sin movernos del Mediterráneo mi memoria se ocupa de la Teresa de "Espejo roto" de Mercé Rodoreda, hermosa novela donde las casas tienen una gran presencia como otro personaje más. En la pérfida albión mi encuentro es con Julian Barnes y dos de sus novelas: “Arthur y George” para saber mucho sobre Conan Doyle y “El loro de Flaubert”. De Kazuo Ishiguro rescato "Los restos del día" una soberbia novela para releer. Me acuerdo ahora también de un libro que me gusto muchísimo: "El vaso de plata" de Antonio Marí y de "Sefarad", de Antonio Muñoz Molina. "Ravelstein" de Saúl Below me abrió las puertas de este gran escritor que novela Chicago mejor que nadie. Ítalo Calvino es uno de mis italianos favoritos y su obra "Si una noche de invierno un viajero" me sedujo como una novia enamorada, algo que también consiguió "Léxico familiar" de Natalia Ginzburg, esa hermosa recreación de la memoria familiar.
Y seguiré porque quedan muchos pendientes. . .
La primera puedes encontrarla aquí http://nuncatehagaslibrero.blogspot.com/2011/12/mi-lista-de-recomendaciones-para.html

jueves 1 de diciembre de 2011

Mi lista de recomendaciones para Navidad. Primera entrega.


Tengo la costumbre, mientras leo, de pensar en el tipo de lectores a los que les gustaría el libro en cuestión. Por ejemplo, enfrascada en la lectura de “La insólita amargura del pastel de limón”, pienso de repente: este libro le gustaría a los lectores de La soledad de los números primos o a los de El festín de Babette. Las asociaciones, sepa Dios por qué, aparecen en mi cabeza y saltan de un libro al siguiente. Por tanto, ahora que llegan las Navidades, os regalo mi lista de recomendaciones que no obedecen a marketing alguno sino a mis propios gustos e inclinaciones literarias. Y ojo no están todos los que son, pero los que están, son. Sin duda.
Empiezo con La deliciosa colección de los ilustrados de Nórdica, a cual más interesante, más bonito y más atractivo visualmente. Encárgalos con tiempo en tu librería. Son clásicos, son asequibles y son preciosos. Vais a quedar como reyes y reinas. ¡Enhorabuena Diego Moreno! En concreto me gustaron especialmente El festín de Babette, ilustrado por Noemí Villamuza y El gato con botas en versión original y con traducción castellana, ilustrado por Javier Zabala.
http://www.nordicalibros.com/ilustrados.php
Para lectores de “tochos” el candidato diez es Libertad de Jonathan Frazen, editado en Salamandra. Esta editorial siempre ha estado entre mis preferidas y sus libros siempre han ocupado un lugar especial en nuestra librería. Os recomiendo también del fondo de Salamandra: “El sol de los Scorta”, “La ternura de los lobos”, “Entre las montañas”, “Tierra desacostumbrada” y para los aventureros “Hacia los confines del mundo”. Esta última novela es maravillosa, cuenta la vida y experiencia de Darwin en sus viajes con el Beagle. No aparecen apenas mujeres y el caso es que ni me di cuenta de que no había historias de amor.
Para los amantes de la cocina os recomiendo el divertido libro de Julian Barnes publicado en Anagrama: “Un perfeccionista en la cocina”. De hecho he tomado prestado el título para crear un blog de cocina. No está demasiado actualizado pero lo podéis visitar http://perfeccionistaenlacocina.tumblr.com/ También en Anagrama os aconsejo un libro que podéis llevar de regalo a cuantas cenas, comidas o ágapes os inviten: “El arte de no decir la verdad”. Es un libro ingenioso, chispeante y con personajes que entran y salen de un relato a otro. En la misma editorial pedid cita para encontraros con Paasilina, el finlandés que nos llevó a “Delicioso suicidio en grupo” y que tiene nuevo libro en el mercado.
A veces los miembros de mis diferentes grupos de lectura me preguntan, con segundas, si tengo alguna participación editorial en Libros del Asteroide para que recomiende tantos libros de esta casa. Lo cierto es que no, pero, al igual que Salamandra, Libros del Asteroide encabeza el listado de editoriales favoritas. Del fondo os recomiendo el maravilloso libro de Robertson Davies: El quinto en discordia, una novela diez por la perfección de su estructura y por lo bien que escribía el canadiense. También va en el lote: El pájaro espectador, Una temporada para silbar y Cuatro hermanas, todos ellos de autores magníficos. De los últimos publicados mi recomendación va para Las crónicas de la señorita Hempel.
Y vamos con los libros que no he podido olvidar. La lista la encabeza La Mennulara de Simonetta Hornby Agnello en Tusquets. Por favor no os conforméis con otro de esta autora, tiene que ser “La Mennulara” (Los tiene incluso malos).Y sobre un tema similar a éste, es decir: el poder de alguien del servicio doméstico sobre los miembros de una familia, me quito el sombrero ante “La puerta” publicado en Mondadori y autoría de Magda Zsabo. Yo no tengo nada contra Stieg Larsson, pero soy adicta a Henning Mankell y de él mis dos novelas favoritas: La quinta mujer y Cortafuegos. ¡Guauu!
En el club de lectura de Nós hemos empezado con un ciclo de autores americanos y hemos leído a Wallace Stegner, Eudora Welty con Las batallas perdidas en Impedimenta y nos encaminamos hacia Otra vuelta de tuerca de Henry James. Quién no lo haya leído está de suerte. Como de suerte están los lectores que se estrenan con Cien años de soledad en Alfaguara. Y los que no le han hincado el diente a Los Buddenbrook de Thomas Mann.
Si queréis estar al tanto de lo que leemos éste es nuestro enlace: http://www.librerianos.com/paginaParrafos.php?codigo=7
Y si te las tienes que ver con la elección para para un exigente escoge El último encuentro de Sandor Marai. ¡Soberbio! En ningún otro libro (al menos yo) he encontrado mejor tratado el tema de la amistad. Y puestos a descolocar, todo el mundo se queda conmocionado cuando lee la aparente fácil “Mejillones para cenar” de Birgit Vanderbeke en La Galera. Menuda novelita. Ésta es de las que se lee para comentar en familia, con los amigos, con todo el mundo. Como le ocurre también a Paradero desconocido de Katherine Kressman Taylor en RBA. Nunca te olvidas de esta pequeña pieza que se lee a través de las cartas que se dirigen dos amigos especialistas de arte, socios, amigos y alemanes. Y ya no sigo.
Otro de los libros que llevo prendido en el recuerdo por su ingenuidad, su humor y su belleza triste es Botchan de Söseki en Impedimenta. Aquí tenemos otra editorial que ha dado el salto con unos libros preciosos, que entran ganas de comprar sólo por sus cuidadas ediciones.
Y en Acantilado: "El libro del desasosiego" de ese genio que era Pessoa. Ése hay que leerlo con calma y regalárselo al que aprecia la buena literatura.
Como no me gustan las listas muy largas aquí dejo esta primera entrega, prometiendo que vendrán otras con más títulos, más sugerencias y más amores. Gracias a todos los que me leéis y me sugerís otras lecturas.

domingo 16 de octubre de 2011

Un banquete inolvidable


¿Existe una manera mejor de evocar una comida feliz? Siempre que participo en una comilona con gente a la que quiero aparece esta escena de El sol de los Scorta. Puedo saborear la comida, sentir la luz del sol en mi piel, escuchar el ruido de los platos entrechocando, el cercano murmullo del mar y puedo sentir como si estuviera dentro de la escena la emoción del momento, la felicidad de lo efímero... Será por eso que este libro se ha quedado conmigo desde que lo leí hace ya algunos años.

Carmela y su familia habían sido los primeros; pero cuando acababan de sentarse, oyeron unos gritos alborozados procedentes de la pequeña escalera. Domenico y Maria llegaban con sus dos hijas, seguidos de Giuseppe, su esposa y el pequeño Vittorio. Ya estaban todos allí. Se abrazaban. Las mujeres se hacían cumplidos por la elegancia de sus vestidos. Los hombres se ofrecían cigarrillos y levantaban en vilo a sus sobrinos, que chillaban regocijados en los brazos de aquellos gigantes. CarmeLla se sentó aparte unos minutos. El tiempo justo para contemplar a la pequeña comunidad. Todos sus seres queridos estaban allí. Radiantes de felicidad a la luz de un domingo en que los trajes de las mujeres acariciaban las inmaculadas camisas de los hombres. El mar estaba calmado y alegre. Carmela esbozó una sonrisa especial. De confianza en la vida. Su mirada se deslizó por todos los presentes. Giuseppe y su esposa Mattea, una hija de pescadores que había reemplazado la palabra «mujer» por «puta» en su vocabulario particular, de tal modo que no era extraño oírla saludar a una amiga en plena calle con un estruendoso «Ciao, puttana!» que hacía reír a los viandantes. La mirada de Carmela seposó en los niños con ternura: Lucrezia y Nicoletta, las hijas de Domenico, que llevaban unos vestidos blancos preciosos; Vittorio, el crío de Giuseppe y Mattea, a quien ésta le daba el pecho murmurando: «¡Chupa, tontaina, chupa, que es todo para ti!»; yMichele, el benjamín del clan, que berreaba en su mantilla mientras las mujeres se lo pasaban de mano en mano. Carmela los contempló y se dijo que todos podrían ser felices. Simplemente felices. La voz de Raffaele la sacó de su ensimismamiento.¡A la mesa! –gritaba-. ¡A la mesa! Carmela se levantó e hizo lo que se había prometido hacer. Ocuparse de los suyos. Reír con ellos. Besarlos. Abrazarlos. Ser de todos y cada uno de ellos, con delicadeza y alegría. Eran una quincena de personas a la mesa, y durante unos instantesse miraron en silencio, sorprendidos al comprobar cuánto había aumentado el clan. Raffaele estaba exultante de alegría y apetito. Llevaba tanto tiempo soñando con aquel momento... Todos sus seres queridos estaban allí, con él, en su trabucco.

Iba de acá para allá, de horno a la cocina, de las redes a la mesa, sin tomarse un respiro, para que todo el mundo estuviera servido y no echara en falta nada. Ese día quedó grabado para siempre en la memoria de los Scorta. Porque para todos, adultos y niños, aquélla era la primera vez que comían así. El tío Faelucc’ había hecho las cosas a lo grande. Como antipasti, Raffaele y Giuseppina sirvieron una decena de platos. Había mejillones del tamaño de un pulgar, aderezados con una mezcla a base de huevo, miga de pan y queso. Anchoas en escabeche, con una carne tan suave que se fundía en la boca.Salpicón de pulpo. Ensalada de tomates con achicoria. Finas rodajas de berenjena a la brasa. Anchoas fritas. Los platos iban de un extremo a otro de la mesa. Todos se servían con la alegría de no tener que elegir y poder comer de todo. .Cuando los platos estuvieron vacíos, Raffaele dejó sobre la mesa dos enormes y humeantes fuentes. En una, la pasta típica de la región: Troccoli con tinta de calamar. En la otra, un risotto de marisco. Los platos fueron acogidos con un viva general que hizo ruborizarse a la cocinera. Era el momento en que el apetito ya se ha abierto y se tiene la sensación de poder comer durante días. Raffaele también sacó cinco botellas de vino del país. Un caldo rojo, áspero y oscuro como la sangre de Cristo. El calor había llegado al punto culminante. Un sombrajo de paja trenzada protegía del sol a los comensales, pero el aire era tan abrasador que hasta los lagartos debían de estar sudando. Las conversaciones se mezclaban con el tintineo de los cubiertos y se interrumpían ante la pregunta de un niño o con la caída de un vaso de vino. Se hablaba de todo y de nada. Giuseppina explicaba cómo había hecho la pasta y el risotto. Como si hablar de la comida mientras se tomaba la hiciera aún más apetitosa. Se charlaba. Se reía. Todos estaban pendientes de su vecino, velando para que nunca tuviera el plato vacío. Cuando acabaron con los platos principales, todos estaban ahítos. Con la barriga llena. A gusto. Pero Raffaele no había dicho su última palabra y, a continuación, puso sobre la mesa cinco grandes bandejas rebosantes de pescado capturado esa misma mañana.Lubinas, doradas... Un enorme plato de calamares fritos. Gruesas gambas asadas a la brasa. Había hasta langostinos. Al ver semejantes platos, las mujeres juraron y perjuraron que no los tocarían. Que era demasiado. Que iban a estallar. Pero no podían hacerles un feo a Raffaele y Giuseppina. Y no sólo a ellos. Tampoco a la vida, que les había regalado un banquete que jamás olvidarían. En el Sur se come con una especie de frenesí y glotona avidez. Tanto como se puede, como si lo peor estuviera por llegar. Como si fuera la última vez que se come. Mientras haya comida hay que comer. Es una especie de instinto pánico. Y si se pone uno malo, pues qué se le va a hacer. Hay que comer, con alegría y exageración. Los platos de pescado dieron la vuelta a la mesa y se saborearon con pasión. Ya no se comía para llenar el estómago, sino para satisfacer el paladar. Pero, pese a lo mucho que gustaron, no hubo manera de acabarse los calamares fritos. Y eso dejó a Raffaele rebosante de satisfacción. Tenía que sobrar comida, porque lo contrario era señal de que los invitados se habían quedado con hambre. Al final del banquete, Raffaele se volvió hacia su hermano Giuseppe y, dándole una palmadita en el estómago, le preguntó:
-Pancia piena?
Todos se echaron a reír mientras se aflojaban el cinturón o sacaban el abanico. El calor había bajado, pero tanta comida ingerida y tanta alegre masticación empezaban a hacer sudar los atiborrados cuerpos. Así que Raffaele llevó a la mesa cafés para los hombres ytres botellas de digestivos: una de grappa, otra de limoncello y otra de aguardiente de laurel. Cuando todos estuvieron servidos, les dijo:
-Ya sabéis que todo el pueblo nos llama «los callados». Dicen que como somos hijos de la Muda, la boca nos sirve para comer, pero no para hablar. Bueno, enorgullezcámonos de ello. Si vale para mantener alejados a los entrometidos y hacer rabiar a esos idiotas, bienvenido sea el mote. Pero que ese silencio sea para ellos, no para nosotros. Yo no he vivido todo lo que habéis vivido vosotros. Es probable que me muera en Montepuccio sin haber visto otra cosa del mundo que las resecas colinas de nuestra tierra. Pero ahí estáis vosotros. Sabéis muchas más cosas que yo. Prometedme que les hablaréis de ellas a mis hijos. Que les contaréis lo que habéis visto.Que lo que aprendisteis durante vuestro viaje a Nueva York nodesaparezca con vosotros. Prometedme que cada uno contará una cosa a mis hijos. Una cosa que haya aprendido. Un recuerdo. Unavivencia. Hagámoslo los unos por los otros. De tíos a sobrinos. De tías a sobrinas. Un secreto que mantengáis guardado y que no contaréis a nadie más. Algo sin lo que nuestros hijos serían como cualquier otro montepucciano. Que no sabe nada del mundo. Que sólo conoce el silencio y el calor del sol. Los Scorta aceptaron. Sí, que así fuera. Que todos hablaran al menos una vez en la vida. A un sobrino o una sobrina. Para contarle lo que sabía antes de desaparecer. Hablar una vez. Para dar un consejo, para transmitir lo que sabe. Hablar. Para no ser simples animales que viven y mueren bajo el silencio del sol.

martes 27 de septiembre de 2011

Inventar la pólvora: sobre el apadrinamiento de libros

Uno siempre piensa, cuando se le ocurre algo que considera original, que ha inventado la pólvora. Hace algunos años a vueltas con los libros difíciles que caían por la editorial Primerapersona www.primerapersona.com (entonces aún publicábamos narrativa para adultos) se me ocurrió que podíamos proponer a los lectores que apadrinaran un libro. No valía uno cualquiera sino uno que les convenciera de verdad para que se involucraran en su camino hacia el mundo. La idea me encantaba porque yo misma hubiera apadrinado varios. Incluso se lo conté al editor de Libros del Asteroide un día que estuvo de paso por Galicia. Como me encanta Libros del Asteroide me habría sentido honrada en ser madrina de algunos de sus títulos: Una temporada para silbar, El pájaro espectador, Cuatro hermanas, El vaso de plata, El quinto en discordia..., por ejemplo. Por supuesto escribí de pé a pa el desarrollo del proyecto y me sentí muy feliz por haber alumbrado una idea tan estupenda que no había visto recogida en ninguna parte. ¿Significa eso que sea mía? Por supuesto que no. Aunque tengamos muchas veces el falso orgullo de creer que hemos inventado el mundo, de hecho no lo hemos inventado. Siempre hay alguien que también piensa así, que tiene el embrión en su cabeza, que no te conoce, que no te copia, que no sabe lo que tú estás pensando, pero que antes, durante o después, básicamente está pensando lo mismo que tú. Con un matiz o sin él, pero hermanado por la misma "originalidad". Así que esta noche leo: http://www.estandarte.com/noticias/editoriales/la-nueva-editorial-modernito-books-apadrina-un-modernito_783.html "Nace Modernito Books: Apadrina un modernito. Ayúdales a despegar participando en su campaña de crowdfunding". Y aunque no tenía la menor idea de lo que era eso del crowdfunding, pensé: he aquí mi maravillosa idea que otros locos de los libros han recogido. Quizás los empresarios puedan reconducir el tema pero estoy segura que ciertos editores (entre los que me incluyo) sólo podemos soñar en voz alta. ¿Qué libro apadrinarías si tuvieras oportunidad?

lunes 12 de septiembre de 2011

Deja de dormir


Lo reconozco: no conocía a Nathalie Merchant pero en cuanto he oído su disco Leave your sleep ha surgido el flechazo. Me encantan sus poemas infantiles musicados que ha seleccionado con criterio de autores como R L.Stevenson, E.E. Cummings, C.S Lewis, Lawrennce Alma-Tadena y Robert Graves entre otros. Los bellos textos describen con delicadeza y belleza el mundo de la infancia adentrándose en sus misterios. Nathalie imprime en ellos el marchamo de su calidad vocal y su acertado sentido de la musicalidad y el ritmo. Me gustan los 26 temas del doble disco pero especialmente el poema de la poetisa Laurence Alma-Tadena con su desafío a "ai alguien no quiere casarse conmigo" entonces ¿qué hará? o el bello poema de Margaret sobre la muerte. Ésta es otra forma de disfrutar la mejor literatura infantil de la cual soy una devota seguidora y fan. Y para muestra un botón. Aquí os dejo el vídeo de Ted donde levantó a un auditorio totalmente entregado.