Bienvenidos al blog de la readvolution

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martes, 26 de abril de 2016

La gran literatura: a propósito de Anna Karerina


"La gente del ambiente en que Vronsky se movía suele dividir a las personas en dos clases: la primera está compuesta por necios, imbéciles y ridículos, que imaginan que los esposos deben ser fieles a sus esposas, las jóvenes puras, las casadas honorables, los hombres decididos, firmes y dueños de sí. Estos estúpidos opinan que hay que educar a los hijos, ganarse la vida, pagar las deudas y cometer otras tonterías por el estilo. La segunda clase, a la que los tipos del mundo de Vronsky se evanecen de pertenecer, sólo da valor a la elegancia, la generosidad, la audacia y el buen humor, entregándose sin recato a sus pasiones y burlándose de todo lo demás".
Este extracto de Anna Karerina sirve al narrador omnisciente para hacer sus juicios morales y definir a Vronsky sin que el lector pueda albergar algún tipo de dudas sobre su propósito. En otra parte del libro, cuando Kitty, enferma de mal de amores, recibe la visita del doctor, Tolstoi regala otra perla maravillosa: "Después de un atento examen de la enferma, confusa y aturdida, el célebre médico se lavó escrupulosamente las manos y salió al salón, donde le esperaba el Príncipe, quien le escuchó tosiendo con aire grave. El príncipe como hombre ya de edad, que no era necio y no había estado nunca enfermo, no creía en la medicina y se sentía irritado ante aquella comedia, ya que era quizá el único que adivinaba la causa de la enfermedad de Kitty. "Este admirable charlatán sería capaz hasta de espantar la caza", pensaba, expresando con aquellos términos de viejo cazador su opinión sobre el diagnóstico del médico". Por su parte, el doctor disimulaba con dificultad su desdén hacia el viejo aristócrata. Siendo la princesa la verdadera dueña de la casa, apenas se dignaba a dirigirle la palabra, y sólo ante ella se proponía derramar las perlas de sus conocimientos".
Reconozco que los mejores perfiles médicos los encontramos en la obra de Chejov, quien por otra parte era de la profesión, sin embargo, ese tono irónico-cómico que aparece en Tolstoi me hace sonreír cada poco.
Releo Anna Karerina con enorme placer y me confirmo en la teoría de que la literatura tiene que servir para el mejor conocimiento del ser humano.
Si no habéis leído este espléndido libro os envidio de todo corazón. Yo ya no puedo leer con aquella inocencia con que lo leí la primera vez pero a cambio he vivido más y entiendo mejor cada una de sus páginas.

sábado, 23 de abril de 2016

Leer, amar, leer


Las emociones tienen su acomodo natural en los libros. Todos ellos rezuman el sentir humano. Detrás de cada libro hay un hombre y una mujer que inventa, fabula, roba, experimenta y en definitiva escribe para ofrecer su hipótesis sobre un momento de existencia acotado en una espesura de páginas. Todos los libros obligan al lector a emprender un viaje, pero no siempre el viajero se queda en el país inventado. A veces le basta asomarse. Ese paisaje no va con él/ella. Cuando la estancia se alarga, el viajero siente. Es como si un tentáculo se cerniera sobre su corazón extrañado. Los libros producen miedo, ansiedad, asombro, tristeza, rabia, alegría, contento, asombro, dulzura... Los libros reptan en las memorias de los seres humanos y confunden a los cerebros de los precavidos y los no tan precavidos. Arman escándalos interiores y empujan al descubrimiento no deseado. Encienden luces como teas donde segundos antes sesteaba una sombra. Los libros son el cofre de las emociones, el custodio de la esperanza que con celo vigila Pandora. Son ese amor que estremece aún pasados ochenta años de vida, esa  aflicción que no conoce tregua, ese ir y venir por tierras desacostumbradas...
Te deseo no solo  un feliz día del libro sino que todos los días de tu vida sean un día de celebración lectora.
Y para acabar una lista de libros emocionables seleccionados tan subjetivamente como me ha sido posible. No están todos los que son pero si son todos los que están.  
Cecilia Monllor

Alegría: Una temporada para silbar de Ivan Doig 
Amor: Orgullo y prejuicio de Jane Austen 
Amistad: El último encuentro de Sandor Marai 
Celos: La solterona de Edith Wharton  
Compasión: La impaciencia del corazón  de Stefan Zweig 
Confusión: El guardian  entre el centeno de J.D Salinger 
Curiosidad: El principito de Antoine de Saint Exúpery 
Desasosiego: El libro del desasosiego de Fernando Pessoa
Descubrimiento: La firma de todas las cosas de Elisabeth Gilbert 
Desequilibrio: El hambre de Hoffman De Leon de Winter 
Enfado: Olive Kitteridge de Elisabeth Strout 
Envidia: Expiación de Ian McEwan 
Epifanía: La vida de Pi de Yann Martel 
Esperanza: El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez  
Hermandad:  El sol de los scorta de Laurent Gaudè
Impostura: Middelmarch de George Eliot 
Incomprensión : Identidad de Hanif Kureishi
Miedo: Otra vuelta de tuerca de Henry James
Orgullo: Los Buddenbrook de Thomas Mann
Pérdidas: Todo cuanto amé de Siri Hustvedt 
Poquedad: Stoner de John Williams 
Rabia: Klaus y Lucas de Agota Kristoff
Renuncia: Bartleby y compañía de Enrique Vila-Matas
Santidad: Lluvia de millones de Frank Cotrell Boyce
Satisfacción: 84 Charing Cross Road de Helène Hanff 
Sentido de la vida: La muerte de Ivan Illych de León Tolstoi
Silencio: Biografía del silencio de Pablo D´Ors 
Soberbia: La puerta de Magda Zsabo
Soledad: La intrusa de Eric Fayè 
Tristeza: Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos
Venganza: Vestido de novia de Pierre Lemaitre 


jueves, 7 de abril de 2016

La vida como arte



No imagino la vida sin la buena literatura. Me encantan los libros que te leen a medida que tú los vas leyendo. Como Intimidad y sus incesantes «apuñalamientos» . Como muestra esta breve reflexión de su protagonista. 
«Si vivir es un arte, desde luego es un arte extraño, un arte total, y especialmente el arte del placer vigoroso. Su forma desarrollada implica la aglutinación de un cierto número de cualidades: inteligencia, encanto, buena suerte, virtud natural, junto con sabiduría, buen gusto, conocimiento, comprensión y la aceptación de la angustia y el conflicto como parte de la vida. La riqueza no sería indispensable, pero sí la inteligencia que nos permitirá acceder a ella cuando fuese necesario. De las personas que conozco, las que poseen talento para la vida son las que disfrutan de una existencia libre, conciben grandes proyectos y los ven realizados. Son también, la mejor compañía».
Intimidad. Hanif Kureishi
Fuente: http://microcambios.com/2016/03/11/la-vida-como-arte/

martes, 26 de mayo de 2015

El escritor procrastinador







La proverbial diligencia de los escritores a la hora de cumplir con sus obligaciones laborales queda patente en está ocurrencia humorística, pero real como la vida misma, del autor de la exitosa novela,   El autoestopista galáctico, Douglas Adams:.
"Me encantan las fechas de entrega. Me gusta el estruendo que hacen cuando pasan volando de largo"

jueves, 23 de abril de 2015

Amo leer y amo vivir ¡Feliz día del libro!



Felicidades a todos los que aman leer y vivir y no conocen otro refugio más idóneo que esta isla de palabras donde se comparten todas las virtudes y defectos humanos. Bienvenidos, un año más, a los festejos organizados por y para los ciudadanos de la Nación Lectura, la única patria afectiva y universal  que reconocemos los rebeldes.


jueves, 27 de noviembre de 2014

La metáfora


Algunos libros están en casa desde hace siglos (es un decir) y no los tocamos, como si tuvieran la lepra, nos diera pereza o nos infundieran un miedo respetuoso, al estilo de una madre abadesa con verruga. Eso le ha pasado a  Vida de Pi embutido en un estante como un calcetín asomando en una bota de agua. Algunos días, cuando me ha cuadrado, le he dedicado cuatro miradas lánguidas de reojo: ¡ah vaya, sigues ahí, Yann Martel!, pues buenas tardes o buenas noches y hasta la vista. Y a otra cosa. A mariposear con Helene Hanff, con John Williams,  con Pierre Lemaitre, con Elisabeth Strout, o con Pasilina. Y Vida de Pi languideciendo como un hermoso queso a punto de florecerse. Pero siempre hay un momento de arranque, el momento en que se decide ¡se acabó esta tontería de ignorar mi propia compra! y lo abres, empiezas en la primera página y llegas hasta al final mientras en medio, como bien señaló John Lennon, va sucediendo la vida:  te llama tu madre, vas con los amigos a comer cocido, remoloneas en todos los escaparates yendo a pilates, devuelves unos vaqueros, trabajas, sueñas, amas, duermes...
Vida de Pi, sí. Un libro sorprendente que has tenido en la librería castigado más de diez años, como una boba de concurso. Un libro que te abre los ojos, que te hace reír, que te infunde respeto sea quien sea Richard Parker, una novela de la que subrayarías medio texto pero no lo haces porque eso te resulta un delito solo lícito para los libros de trabajo. Y lees párrafos enteros mecida por la música de Yann Martel a quien  has hecho incontables feos cada vez que pasabas cerca y  preferías al vecino. ¡Imperdonable! Pero como creo en la justicia poética y en que rectificar es de sabios aquí va mi desagravio: leed  Vda de Pi. Es mucho mejor el libro que la película. Leedlo como la gran metáfora que es, con la conciencia inmersa en nuestra naturaleza de dioses y de animales, atentos a todas las deliciosas historias que este fabulador va dejando caer como las migas de pan de Pulgarcito. Y esto es todo. O todo esto es.